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21 de octubre de 2014
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Bienvenidos a Polícar

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Polícar, villa acogedora y bello enclave serrano, ubicado en el límite del Parque Natural de Sierra Nevada. Fue una arquería de origen árabe, situada junto al Camino Viejo de Guadix. Entre campos de cereales y viñedos, en una altiplanicie de tierras rojizas, este pueblo agrícola y ganadero, alberga tradicionales lagares y se enorgullece de seguir manteniendo la elaboración de unos vinos de excelente calidad a través de métodos tradicionales. Con el telón de fondo por las tradiciones y el pasado. Sus calles estrechas y sinuosas, con pintorescas casas, se acomodan entre el Llano y el Barranco.

Sus orígenes se remontan al Bajo Imperio Romano, y sus primeros moradores aprovecharon el acceso al puerto de La Peza para asentarse en estas tierras atraídos por las explotaciones mineras, si bien, pronto fueron abandonadas en detrimento de otros lugares cercanos como Cogollos y Jerez del Marquesado.

 

Su topónimo, se interpreta que Polícar equivale en árabe a “Pulgar”, lo que quería decir que era el cortijo del hombre del pulgar; algunos piensan que se trata de una metátesis de “poqueyra”, la boquera, la entrada a las tierras altas del Sened. Durante la época Nazarí fue una alquería dependiente de Beas. Espinar Moreno afirma que Polícar se llamaba Bizar en el siglo XII, y cambió este nombre por el de Polícar debido a una cuesta que subía hacia las casas de la población.

 

Llama la atención la procedencia de sus pobladores, teniendo en cuenta su ubicación en el secano, muy cerca del río Alhama, pero lo suficientemente alejados como para construir aljibes de abastecimiento de agua para regar el secano, lo cual hace pensar que se trataría de un grupo humano no integrado en el entorno, bien por razones religiosas, o étnicas; o quizá una repoblación de procedencia bereber. Prueba de ello es que hasta la construcción de la iglesia, después de la reconquista no existen vestigios de fábrica religiosa, ni musulmana ni cristiana. En el Sínodo de Martín Pérez de Ayala se manda al clérigo de Beas para que vaya al cortijo de Polícar a decir misa, al menos una vez cada quince días.

 

El lugar de “El Polícar” y el de Lugros pertenecen geográficamente al Sened, aunque administrativamente quedan fuera de él. Su enclave ha determinado un poblamiento basado en la ganadería y en las tareas de la sierra.

Siempre ha tenido una gran debilidad demográfica al estar conceptuado como una cortijada hasta épocas recientes en la que accede a la municipalidad en épocas muy tardías. Sus vecinos compraron las tierras que siempre habían explotado por una cantidad de 29 millones de las antiguas pesetas a la familia dueña de las mismas durante siglos.

 

Es un municipio de trama irregular, con calles sinuosas y estrechas, con recoletas plazas abocadas hacia el barranco. La típica vivienda se construía con gruesos muros de piedra y barro o tapial. Al techo se le fijaban vigas de madera, añadiéndosele cañizo y teja árabe. 

Su monumento más destacado es la iglesia parroquial de San Antonio de Padua, fechada en 1587, si bien hasta el año 1923 no se consideró parroquia.

 

Lo más destacado de Polícar es la vendimia, sus mostos tienen agradable paladar, dando origen a una incipiente actividad vinícola que se remonta a la época árabe. También durante la época moderna destacó la cría del gusano de seda y la proliferación de moreras para su alimentación. La industria de la seda y los viñedos han sido las actividades más importantes junto con los molinos harineros aprovechando las aguas del río Alhama.

 

Floridablanca en su famoso Censo da una población de 165 vecinos, medio siglo más tarde, Pascual Madoz en su Diccionario geográfico, estadístico e histórico de España y sus posesiones en Ultramar, da una población de 150 vecinos. A comienzos del siglo XX había censados 382, alcanzando su máximo demográfico histórico en el año 1940 del siglo pasado con 601 habitantes.